El concepto convivencia puede tener tantas interpretaciones como articulistas hablen de él, sin embargo siempre se refiere a las relaciones que se establecen entre las diferentes personas y entre los diferentes colectivos que conviven en un mismo territorio. Los abajo firmantes enmarcamos este territorio en el ámbito del barrio. Entendiendo el barrio como el entorno donde se desarrolla la vida cotidiana y los límites del cual han sido determinados, a lo largo de los años, por las relaciones de proximidad. El equipo técnico de la Federació d’Associacions de Veïns i Veïnes de Barcelona desarrolla -como no podría ser de otra manera- las directrices marcadas por los órganos de gobierno de la entidad. No obstante, el hecho de que en las siguientes líneas se planteen algunas reflexiones extraídas del desarrollo del BEC en diferentes barrios implica que no se trata de un posicionamiento político de la organización, sino de facilitar el debate a partir de la experiencia personal de los componentes del equipo. El ámbito comunitario, en proceso de cambio constantePosiblemente la llegada de población inmigrada se convierta en el cambio más significativo que se ha producido en nuestros barrios en los últimos años, y todo parece indicar que no se trata de un proceso acabado sino que está en expansión. La convivencia, sin embargo, no debemos enmarcarla sólo en la relación entre autóctonos y recién llegados, sino que también se ve condicionada por las características urbanísticas, la vivienda, el uso social de los espacios públicos, las infraestructuras, los equipamientos, la ubicación del barrio y demás elementos que inciden en la vida cotidiana. Sin ir más lejos: la esperanza de vida de los barceloneses y barcelonesas es diferente en función del barrio donde habitan. Por otro lado, debe considerarse que compartir un mismo espacio no significa disponer de una misma visión de futuro ni de una misma visión de la actualidad. Y, en este sentido, las percepciones (subjetivas siempre) se convierten en fundamentales para favorecer o malmeter las relaciones entre grupos. Por eso, cuando hablamos del barrio como espacio de convivencia, debemos tener en cuenta todas las variables: objetivas y subjetivas, y debemos de disponer de los elementos que nos permitan detectar tanto las unas como las otras. Elementos que pueden estropear la convivencia Al margen de los discursos que se están dando en clave xenófoba –algunos con la intencionalidad política de alcanzar cotas de poder-, es necesario que desde los estamentos públicos se establezcan medidas correctoras para evitar los discursos sobre la base de rumores. Las leyendas urbanas se extienden y deben combatirse mediante informaciones fidedignas que reflejen la realidad. El establecimiento de protocolos públicos y de baremos indicadores, para gozar de prestaciones públicas, debe poder dar respuestas a las necesidades reales de la población. De otra forma, si los protocolos tienen deficiencias y los baremos son insuficientes, los agravios comparativos entre sectores de población, aunque sean a nivel de percepción, se hacen evidentes. Así, y sólo por poner dos ejemplos de situaciones que podemos encontrar en algunos barrios, la insuficiencia de recursos destinados a las becas de comedor en las escuelas de primaria puede hacer considerar, a aquellas familias que las habían disfrutado y ahora se ven privadas de ellas, que la causa de eso se debe o está vinculada al lugar de procedencia y no a la aplicación de unos baremos bajos. Por otra parte, el número de alumnos de familias recién llegadas debería ser equitativo en los centros escolares dentro de la escuela pública: los baremos establecidos indican un número de alumnos por centro pero, si la población a escolarizar es superior a la cifra indicada oficialmente, unos centros pueden acabar teniendo una población escolar de procedencia extranjera superior a la de otro centro. A partir de aquí se puede dar el caso de que algunas familias autóctonas prefieran llevar a sus hijos a otros centros escolares, y eso incrementa el desconocimiento entre culturas desde que somos niños. Dinámicas para favorecer la convivencia Favorecer la convivencia debe hacerse, entre otros métodos, a partir del establecimiento de políticas públicas decididas, pero también de la aportación de la propia sociedad. Respecto a las políticas públicas no señalaremos más de lo que ya se ha insinuado, porque lo que nos interesa son las relaciones que la propia sociedad civil es capaz de generar y establecer. El asociacionismo en nuestro país ha sufrido, los últimos años, un cambio sustancial que, para resumir, diríamos que se ha sectorializado extraordinariamente. Esta sectorialización comporta que se pueda intervenir en más ámbitos temáticos y profundizar en más sectores de población, pero para favorecer la convivencia es necesario actuar de manera transversal i eso no se ha logrado todavía. Las iniciativas de colaboración transversal son aún calificadas de «experiencias», porque se dan en espacios muy determinados. La colaboración entre asociaciones diversas, como es el caso de «Nou Barris Acull» o «Apropem-nos» -en Poble Nou-, sólo por citar dos, es el reto asociativo que es necesario afrontar a corto plazo. Este tipo de asociaciones, como todas las organizaciones sociales, no pueden evitar el conflicto, pero tienen capacidad para resolverlo. Por tanto, es necesario que se establezcan procesos participativos, haciendo emerger todos los actores posibles de un mismo territorio para afrontar juntos, hasta donde sea posible, acciones encaminadas al fes omento de la convivencia y a la transmisión de los valores que la sustentan. Desde el BEC, se intenta incidir en todas las variable
Encuesta from Daniel Perez
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